Ratoner no roe queso. Roza la espuma de las probabilidades. Su pelaje es azul no por genética, sino porque se tiñe con el reflejo del cielo entre ramas cuánticas.
Vive en un Bosque donde los árboles no están en un lugar, sino en una superposición de lugares. No elige un camino; observa los senderos, y al observarlos, colapsa uno. Las huellas de sus patitas no marcan por dónde fue, sino por dónde decidió que el Bosque estuviera.