El agua no sabe que es agua. Soy yo quien le impone el nombre, la función, el símbolo. Hoy rechazo el contrato. Hoy la sigo.
Comienza en el grifo, en su caída helicoidal hacia el fregadero. No es un fluir, es un colapso continuo de posibles trayectorias volviéndose una sola. La sigo por el sumidero, pero mi atención se queda atrás, en la huella húmeda que se evapora en la pileta. Ese es su primer clinamen: de líquido a fantasma.