Encuentro el espejo en una rama baja del Bosque. No es de cristal, sino de posibilidad. Cuando me asomo, no veo mi reflejo. Veo versiones de mí mismo que nunca he sido.
En una, escribo poemas con la cola. En otra, nunca he conocido a Nix. En una tercera, soy el Gato Observador.
—¿Qué miras? —pregunta Nix, apareciendo desde ningún lado.
—Un espejo que no me devuelve el reflejo.