El principio de incertidumbre gobierna su mañana. Al enfocar la posición de las llaves, pierde por completo el impulso del tiempo. Llega tarde.
Mientras el café se enfría en la taza, observa cómo las partículas de polvo, en superposición, trazan todos los caminos posibles entre el estante y el suelo. Elige no mirar; al colocar la taza en la mesa, colapsa una realidad donde no se derrama.