2.11.26

Microrrelato cuántico

La Deriva cuántica ya está publicada. Pero el microrrelato que puede nacer de ella sigue en superposición. No colapsa porque nadie lo ha observado aún. Está dentro de la deriva, esperando su oportunidad.

Imagen: Pinterest

No es un resumen. Es otra deriva que nace de ella. La hoja seca que el viento se lleva puede ser el centro de su propia historia. O el Gato Observador, que en la deriva mira desde lejos, puede tener su propio relato sobre lo que ve cuando nadie le observa a él. O esa sonrisa con ingenuidad, que no es la media boca de Nix, puede tener su propia historia: la de una sonrisa que no sabe a quién pertenece.

¿Cuándo aparece? Cuando la deriva encuentra su error. En algún punto del paseo, algo se detiene. Un crujido de hoja seca, una frase que pide ser escrita de nuevo, un silencio que pide ser habitado. Entonces el microrrelato casi se ve. No es el tema de la conversación: es un eco que aparece de repente. Si lo ignoras, sigue vibrando. Si lo atrapas, colapsa.

¿Cómo colapsa? Con una decisión. Escribirlo. Publicarlo. Convertirlo en entrada. Pero el colapso no es el final: es el punto de partida para otra deriva. Porque el microrrelato, una vez escrito, vuelve a abrirse. Cada lector lo habita desde su propio borde y lo hace colapsar de nuevo, de otra manera.

Un microrrelato cuántico no se escribe: se observa. Se ve pasar de refilón, se lanza la red de la atención, y si hay suerte, colapsa en 300 palabras. Y mientras tanto, la hoja seca sigue volando. El Gato sigue mirando. La sonrisa sigue sin dueño. Y la deriva, imperturbable, sigue su curso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Guarda la netiqueta al comentar