La pantalla dice Error 404. Pero no es un error. Es una respuesta.
Llevo horas buscando una respuesta. He cruzado puentes tunelados, he esquivado al Gato, he olido el Queso sin atreverme a abrir la caja. Y ahora esto: una página con tres números.
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| Imagen: Canva |
—No está —murmuro.
—Nunca ha estado —dice Nix, apareciendo desde ningún lado.
La ratita de penumbra líquida se sienta frente a la pantalla. Sus ojos de luz fría reflejan el 404 como si fuera un espejo.
—¿Qué significa? —pregunto.
—Que lo que buscas no está aquí. Ni en ninguna parte. Ni en ninguna versión de ninguna parte.
—Eso es horrible.
—Eso es nada.
Me quedo en silencio. Nix mueve la cola en espiral.
—La nada no duele —dice ella—. Duele creer que debería haber algo.
La pantalla parpadea. El 404 se ondula como un charco. Por un instante, veo mi reflejo. No el habitual. El de una versión que nunca escribe este blog. Que nunca conoce a Nix. Que nunca sale de la Galaxia de Los Ratones.
—¿Ese soy yo? —susurro.
—Ese es el que no coincide —responde Nix—. Y no es peor que tú. Solo es distinto.
La pantalla vuelve a parpadear. El 404 se convierte en 200. La página carga. Hay un texto nuevo. Sobre la nada, precisamente.
Sonrío a medias.
—Nunca sé si está ahí antes.
—Nunca —confirma Nix.
Y se quedan los dos mirando la pantalla. Sabiendo que lo que acaban de ver no es un error. Es una rendija. Y que las rendijas, a veces, son más importantes que las páginas que cargan.

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