8.6.26

Casi cuántico

La ratita de penumbra líquida se encuentra un día con la nada. No la nada de los filósofos, sino con Nada, la heterónima de Nysmo. La que escribe con llaves que no abren puertas y martillos que no forjan.

—Hola— dice Nix.
—No— responde Nada.

Imagen: Canva

Mueve la cola en espiral. No se siente rechazada, sino casi acogida. Que es la forma cuántica de la bienvenida.

—Ratoner me habla de ti— insiste Nix.
—Miente—dice Nada—. Pero sonríe con media boca. La misma que Nix.

Se sientan juntas al borde del error 404. Una mira hacia ninguna parte. La otra hacia el vacío. Es casi el mismo horizonte.

—Yo existo y no existo— dice Nix al rato.
—Yo ni eso— asegura Nada.

El silencio se instala entre ellas. No un silencio vacío. Uno de esos que pesan casi nada. Pero todo.

—¿Crees que podemos ser amigas?— pregunta Nix.
—No —replica Nada otra vez—. Pero podemos coincidir.

Nix sonríe. La penumbra líquida se ilumina un instante. Luego vuelve a ser penumbra. Como debe ser. Nada se levanta primero.

—No me busques —manifiesta—. Si coincidimos, bien. Si no, también.

Y desaparece. No hacia ninguna parte. Hacia ninguna, que es distinto. Nix se queda sola. O casi. Y escribe en una hoja seca:

He conocido a Nada. No me asusta. Me «casi» asusta, que es la forma más honesta del miedo.

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