Ingredientes
(para 1 porción de vacío absoluto, rinde infinito si se sirve con melancolía)
- 1 recibo de supermercado caducado desde 2003.
- 1 llave que no abre ninguna puerta (preferiblemente oxidada).
- 1 página arrancada de una agenda que nunca se cumplió.
- El eco de una llamada que nunca se contestó.
- Un puñado de partículas de polvo cuántico (recogidas en octubre a las 3:47 am).
- 47 versiones superpuestas de ti mismo mirándote desde el espejo.
- Una pizca de Bosque Cuántico (hojas que nunca terminan de caer).
- Sal de lágrimas que no se lloraron.
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| Imagen: Grok |
Utensilios
- Un colador que solo deja pasar lo que ya no existe.
- Una olla que hierve en reversa.
- Tu propia duda como fuego lento.
Preparación
- Coloca el recibo caducado en el fondo de la olla. Déjalo reposar hasta que se convierta en el mapa de todos los supermercados que nunca visitaste. Observa cómo las cifras se desdibujan y empiezan a flotar como números cuánticos sin observador.
- Introduce la llave que no abre nada. Gírala en el aire vacío tres veces y media. Cada giro genera una puerta que se cierra en un universo paralelo. Escucha el clic que nunca sonó.
- Añade la página de la agenda. Escribe con tinta invisible la promesa que más te dolió romper. La tinta se evaporará sola, dejando solo el hueco de lo que pudo ser.
- Vierte el eco de la llamada no contestada. Inclina la cabeza y susurra ¿hola? al vacío. El silencio responderá con un pitido lejano que se pierde en el éter.
- Espolvorea las partículas de polvo cuántico. En este paso la olla debe estar en superposición: hirviendo y sin hervir al mismo tiempo. No la mires directamente o colapsará prematuramente.
- Incorpora las 47 versiones de ti mismo. Cada una protestará por su derecho a existir. Remueve con una cuchara que nunca tuviste. El revoltijo debe quedar perfectamente desordenado.
- Deja reposar en el Bosque Cuántico durante un octubre eterno. No lo pruebes. La nada cuántica solo se sirve cruda, tibia de ausencia y con un regusto a posibilidad perdida.
Nota del chef
Si al final obtienes algo, has fallado estrepitosamente. La receta solo tiene éxito cuando en el plato queda exactamente… nada.
Sirve con una sonrisa triste y un bueno, al menos lo intentamos.

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